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De la Sagra y el Jardín Botánico de la Habana

Ramón de la Sagra fue uno de los científicos más importantes de la primera mitad del siglo XIX español. Impulsó expediciones a Puerto Rico y Filipinas, y realizó una importantísima labor de investigación y divulgación en Cuba, país donde residió durante casi veinte años.

La historia de Ramón de la Sagra Periz es como la de muchos científicos que, pese a obtener un gran reconocimiento académico y social en vida, acaban olvidándose con el paso de los años. Ahora son pocos los que parecen recordar la importante labor de este gallego que entre otras cosas fue político, profesor y economista. Entre sus obras destaca, por ejemplo, el Atlas carcelario una obra publicada en 1843 dedicada a la evolución del sistema penitenciario y carcelario.

 

También cabe mencionar que entre 1848 y 1849 colaboró con Proudhon en la fundación de un Banco Popular de España y que desde su ideario y posición pública como diputado, abogó por la creación de una sociedad moderna basada en un nuevo orden social racional, nacido de la reflexión científica, la naciente sociedad industrial, y dotada de una nueva religión y moral. Así, pedía una educación extensible a todo el mundo, por eso también se le considera un buen divulgador.

 

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Como divulgador y naturalista, éstas fueron sus dos pasiones. Nacido en La Coruña en 1798. Ramón de la Sagra se formó en la Escuela de Náutica realizando después estudios de Farmacia y de Matemáticas. Después comenzó a interesarse por la Anatomía y la Medicina, y por la divulgación de la misma, colaborando en distintas publicaciones científicas del momento como la revista Crónica Científica y Literaria de Madrid, y a fundar su propia publicación, El Conservador, y a participar en la fundación del Ateneo Español.

 

Posiblemente el punto de inflexión que cambió su vida fue un viaje a Cuba en 1821. Visitó la isla en calidad de ayudante del nuevo Director de la Factoría de Tabacos, y estableció contacto con los intelectuales más importantes de La Habana. Por eso, al volver a España en 1823, muchos promovieron su designación como profesor de Historia Natural en La Habana, un nombramiento con el que el gobierno español intentaba llevar a cabo reconocimientos de sus producciones naturales de sus colonias y propiciar la enseñanza de las ciencias.

 

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El Jardín Botánico Nacional de Cuba tiene 600 hectáreas con más 4000 especies vegetales, y es un punto de referencia, en cuanto a cultura alimentaria y comida ecológica en Cuba. En la imagen, el jardín de los Helechos.

 

Desde su llegada a Cuba abrió la Cátedra para la que había sido designado y fundó la Institución Agrónoma de la Habana, que se puso en marcha en 1829. De la Sagra se planteó casi como una campaña personal la reforma de la agricultura cubana que hasta aquel momento se caracterizaba por el monocultivo, la condición monoexplotadora, la política arancelaria y el escaso interés por los adelantos científicos.

 

Así realizó un concienzudo análisis económico de la isla y numerosas críticas, entre ellas al uso de una fuerza de trabajo improductiva como eran los esclavos. Su programa agrícola estaba basado en el establecimiento de una industria diversificada, con la introducción de nuevos cultivos y la asimilación de procedimientos tecnológicos, que se aplicaban en otros países con excelentes resultados. Ésto exigía una mano de obra capaz de afrontar trabajos más complejos, y por ello se atrevió a plantear como alternativas al esclavismo la introducción de mano de obra asalariada y el apoyo a los proyectos de colonización blanca.

 

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Este jardín botánico fue concebido con los fines de una institución moderna destinada al uso público en la que se muestra una gran colección de plantas vivas, clasificadas y ordenadas científicamente, con propósitos educativos, científicos, recreativos y conservacionistas


Pero si hay algo por lo que los cubanos recuerdan especialmente a Ramón de la Sagra es por la puesta en marcha y posterior inauguración de Jardín Botánico de la Habana, del que fue principal impulsor y director durante más de una década. En él desarrolló una importante labor docente, combinada con el ensayo de nuevos cultivos, la formación de herbarios, la clasificación de plantas y la reorganización científica de la propia institución.

 

Su actividad al frente del Jardín Botánico de la Habana fue vista con muy buenos ojos tanto dentro de la isla como en España y en el resto del mundo. Los impulsos de De la Sagra a nivel comunicativo y formativo propiciaron el contacto de este Jardín con algunos de los más importantes del mundo, y el intercambio de semillas y plantas con otros países para su clasificación e incorporación a obras botánicas.

 

En este sentido, el Botánico de La Habana desarrolló una activa correspondencia con los jardines de Madrid, Cádiz, París, Ginebra, Berlín, Padua, Londres o Oxford, y con las sociedades agrícolas de Lyon, París, Boston o el Museo de Historia Natural de Nueva York. Estos intercambios hicieron que el Botánico de La Habana se convirtiera en una institución científica de primer nivel.

 

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Con todas estas actividades, Ramón de la Sagra sentó las bases para la formalización de la enseñanza de la Botánica en función de la agricultura y las condiciones de cada país. Muchas de sus enseñanzas quedaron reflejadas en los Anales de Ciencias, Agricultura, Comercio y Artes de la Habana, revista que fundó y que publicó desde 1827, y en la cual insistía en la necesidad de conocer los progresos de las demás naciones para comprender y estimular el de la isla.

 

Como divulgador, Ramón de la Sagra publicó diversas obras, algunas de ellas totalmente referenciales para naturalistas y estudiosos de la isla hasta nuestros días. Destaca su manual Principios básicos de Botánica, donde recopila los vegetales y productos naturales cubanos, y dos manuales sobre plantas medicinales de Cuba. Sin embargo, su trabajo más preeminente desde la faceta científica lo constituyen los 12 volúmenes de una obra que es referencia obligada de la cultura cubana: Historia física, política y natural de la isla de Cuba.

 

Esta obra se empezó a publicar en París, en francés primero y posteriormente en español, entre 1838 y 1861, y como su título indica versa sobre diferentes aspectos de la que fue provincia de ultramar: clima, población, agricultura, comercio marítimo, rentas, fuerza armada, zoología, botánica, etc. Obra profusamente ilustrada, tiene dos volúmenes referidos a los aspectos físicos y a la organización económica y política de la isla, seis a la fauna y cuatro a la flora.

 

En 1835 abandonó Cuba para irse a EEUU, donde dio a conocer su obra en distintas instituciones. Poco después se estableció en París donde fue nombrado miembro del Instituto Real de Francia, para volver a Madrid donde ocupó un cargo de diputado en las Cortes como miembro del Partido Progresista. Desde España, y hasta el final de sus días, Ramón de la Sagra realizó distintas expediciones de índole científica en Bélgica, Holanda y Francia, donde estudió a fondo aspectos económicos, industriales y sociales, y ejerció como profesor de economía social en el Ateneo de Madrid. Falleció en Cortaillod, Suiza, en mayo de 1871.

Espores

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia