Los coches eléctricos aparecieron en el mercado como el auténtico fin de las emisiones de CO2 para el transporte, aún así, enseguida surgieron las voces críticas que, entre otras cosas, veían problemática la carga de sus baterías a través de una fuente de energía no renovable, la electricidad.
Había soluciones para el tema, y el pasado año llegó una a nuestro país de la mano del Real Jardín Botánico Juan Carlos I de la Universidad de Alcalá de Henares, las Fotolineras. Unos espacios gratuitos destinados a cargar coches eléctricos gracias a los paneles solares instalados y que trabajan independientemente de la red eléctrica.
Desde el Jardín defienden que los Jardines Botánicos cuentan con un público que es muy exigente en temas de medio ambiente, y de arraigado criterio de sostenibilidad. Por lo que quieren demostrar que, como nuestra movilidad basada en el petróleo es una de las más importantes causas de aceleración del cambio climático, en los países como el nuestro donde las horas de sol son tantas es factible el uso de coches eléctricos abastecidos con energía solar fotovoltaica.
La fotolinera cuenta también con un punto de recarga de bicicletas eléctricas y no solamente se ofrece de manera gratuita sino que quién esté cargando su vehículo puede disfrutar también de entrada libre al Botánico. Pero las ventajas no son solo para los usuarios, porque la instalación está conectada a la red eléctrica para casos puntuales y eso permite que pueda suministrar energía a las oficinas y laboratorios cuando no se cargan vehículos.
Un proyecto al alcance de muchos otros espacios públicos y el coste del cual se puede compensar rápidamente. La fotolinera abastece los vehículos eléctricos que ha adquirido el Jardín para los trabajos y el transporte de personal, así se ha calculado que en combustible se ahorraran cerca de 6000 euros al año, y que antes de cuatro años ya estará amortizada.
La sostenibilidad en el Botánico de Alcalá
Y es que en el Jardín esta iniciativa es solo un paso más dentro de su plan hacia un espacio más sostenible y menos contaminante. Tanto es así que han generado un ideario de buenas prácticas con consejos para todas las áreas del Botánico: topografía y paisaje, suelo, especies vegetales, materias primas, residuos, herbicidas y pesticidas, maquinaria, equipos y utensilios, ahorro energético y de agua, y actividad en las oficinas,
Un documento permanentemente abierto y sometido a cambio que viene a reflejar la implicación del Jardín Botánico en la conservación y mejora del medio ambiente, porque en realidad son conscientes de que su actuación no repercute solo sobre ellos mismos, sino que es observada por todo aquel que les visita.
Por poner un ejemplo, el Jardín no compra fertilizantes, mantillo u otros sustratos enriquecidos, sino que utiliza su mantillo de producción propia gracias al compostaje. Lo cual supone un ahorro, un recurso didáctico, y apoya la filosofía general de las buenas prácticas ambientales.
Unas prácticas basadas en tres máximas:
Que ningún recurso renovable se use a una velocidad mayor que la que hace falta para generarlo.
Que ningún recurso contaminante se use a una velocidad mayor que la que la necesaria para eliminarlo, absorberlo o neutralizarlo.
Que ningún recurso no renovable se use, a menos que se trabaje para poder sustituirlo en un futuro por un recurso renovable utilizado de manera sostenible.
En cuanto al propio Jardín
Nace a partir de una Oficina Técnica el 1990 y desde entonces se han ido creando las diferentes colecciones y el programa de educación ambiental. Su eje principal es la representación de la Flora mundial, Ibérica y Regional.
En nuestro paseo por el Jardín encontraremos un Jardín taxonómico, el Arborétum Ibérico, una escuela sistemática donde se ordenan taxonómicamente las plantas de la Flora de Madrid y Guadalajara, un espcio de comunidades vegetales donde la ordenación es paisajística, espacio de humedales y huerta ecológica. Además, cuenta con colecciones especiales como cicadales, arborétum de coníferas, orquidearium y crasas.

