Londres quería unos Juegos Olímpicos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, y desde su designación como capital olímpica no ha escatimado esfuerzos para conseguirlo. Entre las medidas tomadas está la construcción de un ecopabellón sostenible construido en su totalidad con materiales reciclados. La cubierta de las vigas de cemento del Estadio Olímpico, con 336 paneles verticales de 25 metros de altura, está realizada con pinturas no contaminantes y materiales reciclados, y se han puesto en marcha más de 800 autobuses urbanos híbridos.

También los atletas tienen mucho que decir en el cuidado del medio ambiente y son un ejemplo para millones de personas. Por eso, la empresa encargada de realizar los trajes de deportistas, voluntarios y personal del acontecimiento, los ha confeccionado a partir de materiales reciclados. Lo mismo con el calzado, se han fabricado más de 70.000 pares de zapatillas y zapatos ecológicos para los voluntarios que prestarán sus servicios en el transcurso de la Olimpiadas.
Sin embargo, el tema que más nos llama la atención es el de las botellas de agua y refrescos que consumirán los deportistas durante estos Juegos. Se trata de botellas 100% reciclables y que, en menos de un mes, volverán a estar como nuevas en las estanterías de los supermercados londinenses, concretamente cuando comiencen los Juegos Paralímpicos. ¿Un milagro? No, más bien un plan de reciclaje de lo más avanzado.
La clasificación de envases, la clave del éxito
La buena organización parece ser el factor clave de este plan de reciclaje. Todos los envases de plástico utilizados en las diferentes sedes de los Juegos se someterán a un proceso de reciclaje en la nueva planta de reciclaje de Lincolnshire, en el norte de Inglaterra, propiedad de ECOPlastics. Actualmente, la planta ya recicla 2.500 toneladas de plástico por semana, por lo que parece factible que cuando terminen las Olimpiadas gran parte de esos envases estén ya preparados para ser utilizados de nuevo.

Una vez en la planta, los materiales plásticos deberán ser sometidos a distintos procesos, entre los que destaca la importancia la clasificación. Las botellas que lleguen a Lincolnshire serán de los más variado, de distintos colores y calidades, y acorde a estos dos parámetros es como deberán ser clasificadas. Entre todos estos materiales se distinguen dos tipos de polietileno: los PET (conocidos así por sus siglas en inglés) hechos con polietileno tereftalato, y los HDPE realizados con polietileno de alta densidad. Al primer grupo pertenecen casi todos los envases de plásticos transparente, como son botellas de agua y refrescos, con el segundo material se hacen otros envases más sólidos, entre ellos, los bricks de leche.
La clasificación de estos materiales se hace de forma automática a través de unos sensores ópticos que distinguen los polímeros por calidad y color. Las botellas identificadas son lanzadas a su carril correspondiente a través de chorros de aire. Una vez clasificados, los envases son lavados y hervidos a 120 grados durante una hora y media, el tiempo suficiente para eliminar elementos contaminantes. Para facilitar el proceso de selección se han preparado contenedores de diferentes colores para que todos los visitantes puedan hacer una primera clasificación de los envases.

¿Es éste un método ecológico al 100%?
La pregunta que muchos se hacen es si podemos hablar de un proceso de reciclaje sostenible sabiendo que éste incluye transporte por tierra y que consume grandes cantidades de energía eléctrica. La respuesta es que si, ya que el simple hecho de reciclar implica ahorrar energía en el futuro. Según los responsables de ECOPlastics cada botella reciclada puede ahorrar suficiente energía como para que funcione una bombilla de 60w durante seis horas, y una tonelada de reciclaje ahorra hasta 5.774 kwh de energía.

